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Escribir, oficio con gajes también

Las ideas o las frases adecuadas surgen cuando menos se lo espera uno. Por muy avezado que se esté, no siempre se pueden anotar físicamente –se hace materialmente imposible– esas inspiraciones. En no pocas ocasiones, hay que fiarlas a la memoria. Y eso entraña sus riesgos, claro, porque es mucho más fácil perder una nota mental que una escrita.

Luego pasa lo que pasa, se pueden imaginar. Conlleva mucha decepción el hecho de ir a recuperar una idea y no encontrarla en donde estaba. Hay veces que vuelve cuando menos se la espera ya, sí, pero otras es un fusible fundido, irrecuperable. Un brillo apagado para siempre en el limbo.

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