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Valor con valores

No pocas veces me pesaba la evidencia descorazonadora de que nos faltaba valor para defender los valores. Como individuos y como sociedad. Me sigue pesando, claro; nada cambia de la noche a la mañana, ni con situación de posconfinamiento por pandemia ni sin ella. Son los pequeños gestos individuales

los que pueden engrandecer puntualmente nuestros rincones. Los que pueden redimir el mundo, al menos en la particularidad anónima de algunos de sus habitantes. Esa valentía del corazón nunca obtendrá una medalla física ni un reconocimiento mediático porque  apenas nadie tendrá noticias de ella. Ni falta que hace tampoco. Dar, darse así es lo que sublima este asunto tan impredecible y enturbiado del vivir. Porque, cuando el fenómeno de verdadera valentía y consecuencia se produce en la frecuencia personal adecuada, la ecuación se cumple siempre: cuanto más das, más te queda. Un tesoro inagotable. Un destino de novela. Un recuerdo siempre vivo de emociones pese a todos los ahogos del mundo. Aire libre con vistas oxigenantes a un parque reverdecido por la primavera de todas las primaveras. Luz cálida al final del túnel, puentes comunicantes mediante. Y para cruzar los puentes más difíciles, la unión infalible de valor, valores y valentía. Audentis Fortuna iuvat, ya desde mucho antes de la Eneida.

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